2.2.12

No hay jueves en que estés.



No tengo nada que perder, nada que temer.
No tengo sueño, no tengo a mi rumi, no tengo tos.

No siento los pies, por la posición en la que siempre me siento. No aprendo.
No sonrío si no quiero, no vuelo bajo, no me canso de anhelar.

No encuentro las llaves de mi casa, ni el control de la tele, ni el de mi vida.
No camino pegada a la pared, no me fijo a ambos lados antes de cruzar la calle.

No hay rostros conocidos, interesantes, atractivos. No hay cine, no hay cafés.
No hay hueco que no se llene hasta rebozar cuando de música se trata.

No hay libros que puedan dejarse a medias, ni romances que se puedan empezar.
No hay ánimo de algo diferente en los ojos de los hombres,
                                                                  no hay oriundas que contagien libertad.

No hay secretos, no hay recuerdos que hagan llorar, no hay misterio.
No hay Norte, no hay distancia, no hay paredes.

Ni besos.

Ni sudor.

No hay cariños falsos, ni verdades ocultas. No hay placer como el de reír por una estúpida razón.
No hay jinetes, no hay balsas, no hay tiempo límite para aprender a trepar árboles a los 23.

No hay frío, no hay escalones de igual altura, no hay repelente contra los buenos ratos.
No hay comida, no hay esencias que evoquen a la infancia. No hay ruido de ciudad.

No hay manera de olvidarte, no hay rencor. No hay sonrisas fingidas. No hay otra parada en tu estación.
No hay más. No hay de ti.

Sólo permanece lo que llega después de haber caído y despertado, lo que siembra y se cosecha con una mano en el corazón y la otra en la canción que no debes soltar.





14.11.11

Supera ese recuerdo, ausencia.

Como símbolo innecesario de la fatalidad dramatizada,  le pesaba la sábana color mala suerte que cubría hasta su último respiro. Hacía ya varias docenas de horas que había dejado de mirar al cielo; no era que se le hubiera escondido la curiosidad entre las piernas, nada más no quería atraer al destino con los ojos. Qué tal que le caía encima justo ese día que no tenía intención de batallar con lo que ya estaba dicho. Justo ese día que quería decirle a la nada lo mucho que la hacía sonreír la tonadita de la canción conocida por pocos. Eso y el rebotar de sus dedos cuando pasaba jugando por el barandal de tu casa. Eso y el crujir del pasto cuando se acostaban juntos a darle de comer utopías al mundo.


—Dame de eso que  anhelas.
—No, porque se pasa de amargo y te va a doler bajo las uñas.

No sabe en qué almohada te acuestas ahora, a olvidar por la mañana lo que sueñas a tres colores. Ni tiene ánimo de enterarse del número de fresas que has dejado sin comer por salir tarde hacia el trabajo. Sólo quiere que alucines por su culpa, que te moleste la mueca que le dedica al cabello sobre su cara, y recuerdes con los ojos abiertos el lunar sobre su hombro que nunca te cansabas de besar.

Quién sabe de qué color sea la mala suerte, pero si miro al cielo, el azul clarito me va a decir que no vas a regresar. Y eso ya lo sabía.

28.4.11

Punzante

Creo que ayer pise al onceavo mes a la orilla de mi cama, con las luces apagadas. Mi pie derecho se quemó con el frío de una textura incómoda y una silueta hiriente con cicatrices en los bordes se dejaba adivinar con el rayito de noche entre la ventana... Todo ello una sensación que urgía la llegada de un diciembre por la boca, y por qué no, los siguientes doce por favor.

Pero el atrevimiento de mis manos las pusieron al alcance de palpar sonrisas, parques, noches, la mesa del fondo, canciones, caminatas, sillones, entradas, calores, colores, ojos entrecerrados, dramas reales y ficticios, escalones, música en vivo, palabras innecesarias, destinos que juegan, electricidad en los dedos, fuego en sus vidas.

Las manos que tomaste, que besaste, que soltamos... están por la mañana llenas de ceniza, sedientas de viento y de futuro; sin cicatrices, sin incomodidad, sin heridas... sin rencor, sin querer matar, sin poder morir.
Ahora ambas salen por la ventana para extenderse y gozar de lo que se lleva abril, para abordarte con un recuerdo y que mi cinismo responda a los deseos de tu sádico inconsciente.

Y a pesar de todo, queda claro que yo más, punto.

Sácame de tu corazón y no me lleves a la cama

Entre un día y el otro jugó a recordarlo, a cerrar con seguro y regalarle una mueca conocida.

Mosaico, cristal, rasguña lo que puedas.

Entre su edad y jugar al blackjack, no pudo sentirle más cerca, y quería y no quería, y quería y se acordó, y la llamó como quiso pero no por su nombre.

Entre que sí y que no, él ya no escribía, no había pudor, ni verdad... ni amor.

Me da pena, penita pena, pero ya no me sorprendes, ternurita.

19.4.11

Martes

Mi respiración va a destiempo con la melodía del medio día... O es el ánimo, o es el ocio, o eres tú...

17.4.11

Diazepam...

No pude poner en palabras mi miedo antiguo al rugir ocasional del cielo, porque en mente sólo tengo la sonrisa de tus ojos que volvería a ver al iniciar algún mañana…

Alguno cualquiera, pero que sea…

16.4.11

Vivir...

Tratar de vivir. Tratar de dar decenas de pasos hacia un mundo esperado, hacia un mundo planeado. Tratar de resolver a cada segundo y a cada instante el grado de incertidumbre que encierra la cotidianeidad. Tratar de respirar tanto el aire estancado como el que fluye libre, desde el último rincón de la inmensidad hasta los pulmones, arrastrando con él las impurezas de todo lo que no es capaz de absorberlo. Tratar de no escuchar las risas, los juegos y los cantos, para escuchar el Yo interior, lo que me dicta mi adulta e ingenua conciencia. Mi conciencia que sólo sirve para suponer, para perderme de eventos que cambiarían el curso de mis días. Vivir o ser vivido, como una dicotomía entre nadar o flotar, entre caminar o dejarse llevar. 


Ahora no sonrío, porque el lado más hipócrita de mi alma se quedó dormido por tiempo indefinido.

Texto de J.M.R.H