25.5.12

Adquisiciones



Mira, tengo una oportunidad.

La encontré ayer por la noche y desde ese momento no me he atrevido a dejarla de cantar. Tengo una oportunidad que grita nombres, países, personas que no sé. Banquetas que tú caminas abajo porque te gusta ver cómo el sol hace brillar mi cabello desde ahí, y risas que son sólo tuyas porque siempre te ha parecido gracioso que yo tenga tanto que contar.

Tengo una oportunidad en forma de calles nuevas, sonidos que viven y hacen renacer desde bien adentro, miradas que evades y luego buscas y luego no puedes dejar de pensar. Temblorcito de ese ridículo al tenerte cerca y recuerditos graciosos de los que evocas nada más para tener un pretexto y venir, abrazarme y decirme como si nada que ‘tú también’.

Una oportunidad que no esperas diez años como en las películas de esas que me gustan, o tal vez sí, mientras no la dejes de cantar. Porque la cosa aquí es de no dejarla morir; y ella sólo vive con notas tuyas, y tus letras y tu voz.

Ten, te la comparto.

La podemos acompañar con gustitos culposos, comida para dos y senderos larguísimos que terminen en un montonal de cosas de esas que hacen los novios y la gente que se quiere bien bonito. Cosas de las que ni hablo aquí, porque ya tengo dónde describirlas a detalle. Será junto a ti, mientras intenten alcanzarnos las palabras porque ya todo lo iremos haciendo realidad.

14.5.12

Day off




I try so hard to talk about love. Any kind of desperate, perfect, one-way, passionate, needy, free love. About emptiness and bad choices, about the excitement of the next first kiss. 

I try so hard to find you between the childish nonsense of this clumsy words. I try so hard to fall in love again by remembering the way you smirk, you walk, you think you dance. I try so hard to fill my soul with old sorrow and rotten gloom, so I can blame you and your disarming gaze for this sad song. 

But I can’t. The song ain’t sad anymore, and from some time now I’ve been able to disarm myself just by looking at the mirror.

2.2.12

No hay jueves en que estés.



No tengo nada que perder, nada que temer.
No tengo sueño, no tengo a mi rumi, no tengo tos.

No siento los pies, por la posición en la que siempre me siento. No aprendo.
No sonrío si no quiero, no vuelo bajo, no me canso de anhelar.

No encuentro las llaves de mi casa, ni el control de la tele, ni el de mi vida.
No camino pegada a la pared, no me fijo a ambos lados antes de cruzar la calle.

No hay rostros conocidos, interesantes, atractivos. No hay cine, no hay cafés.
No hay hueco que no se llene hasta rebozar cuando de música se trata.

No hay libros que puedan dejarse a medias, ni romances que se puedan empezar.
No hay ánimo de algo diferente en los ojos de los hombres,
                                                                  no hay oriundas que contagien libertad.

No hay secretos, no hay recuerdos que hagan llorar, no hay misterio.
No hay Norte, no hay distancia, no hay paredes.

Ni besos.

Ni sudor.

No hay cariños falsos, ni verdades ocultas. No hay placer como el de reír por una estúpida razón.
No hay jinetes, no hay balsas, no hay tiempo límite para aprender a trepar árboles a los 23.

No hay frío, no hay escalones de igual altura, no hay repelente contra los buenos ratos.
No hay comida, no hay esencias que evoquen a la infancia. No hay ruido de ciudad.

No hay manera de olvidarte, no hay rencor. No hay sonrisas fingidas. No hay otra parada en tu estación.
No hay más. No hay de ti.

Sólo permanece lo que llega después de haber caído y despertado, lo que siembra y se cosecha con una mano en el corazón y la otra en la canción que no debes soltar.





14.11.11

Supera ese recuerdo, ausencia.

Como símbolo innecesario de la fatalidad dramatizada,  le pesaba la sábana color mala suerte que cubría hasta su último respiro. Hacía ya varias docenas de horas que había dejado de mirar al cielo; no era que se le hubiera escondido la curiosidad entre las piernas, nada más no quería atraer al destino con los ojos. Qué tal que le caía encima justo ese día que no tenía intención de batallar con lo que ya estaba dicho. Justo ese día que quería decirle a la nada lo mucho que la hacía sonreír la tonadita de la canción conocida por pocos. Eso y el rebotar de sus dedos cuando pasaba jugando por el barandal de tu casa. Eso y el crujir del pasto cuando se acostaban juntos a darle de comer utopías al mundo.


—Dame de eso que  anhelas.
—No, porque se pasa de amargo y te va a doler bajo las uñas.

No sabe en qué almohada te acuestas ahora, a olvidar por la mañana lo que sueñas a tres colores. Ni tiene ánimo de enterarse del número de fresas que has dejado sin comer por salir tarde hacia el trabajo. Sólo quiere que alucines por su culpa, que te moleste la mueca que le dedica al cabello sobre su cara, y recuerdes con los ojos abiertos el lunar sobre su hombro que nunca te cansabas de besar.

Quién sabe de qué color sea la mala suerte, pero si miro al cielo, el azul clarito me va a decir que no vas a regresar. Y eso ya lo sabía.

28.4.11

Punzante

Creo que ayer pise al onceavo mes a la orilla de mi cama, con las luces apagadas. Mi pie derecho se quemó con el frío de una textura incómoda y una silueta hiriente con cicatrices en los bordes se dejaba adivinar con el rayito de noche entre la ventana... Todo ello una sensación que urgía la llegada de un diciembre por la boca, y por qué no, los siguientes doce por favor.

Pero el atrevimiento de mis manos las pusieron al alcance de palpar sonrisas, parques, noches, la mesa del fondo, canciones, caminatas, sillones, entradas, calores, colores, ojos entrecerrados, dramas reales y ficticios, escalones, música en vivo, palabras innecesarias, destinos que juegan, electricidad en los dedos, fuego en sus vidas.

Las manos que tomaste, que besaste, que soltamos... están por la mañana llenas de ceniza, sedientas de viento y de futuro; sin cicatrices, sin incomodidad, sin heridas... sin rencor, sin querer matar, sin poder morir.
Ahora ambas salen por la ventana para extenderse y gozar de lo que se lleva abril, para abordarte con un recuerdo y que mi cinismo responda a los deseos de tu sádico inconsciente.

Y a pesar de todo, queda claro que yo más, punto.

Sácame de tu corazón y no me lleves a la cama

Entre un día y el otro jugó a recordarlo, a cerrar con seguro y regalarle una mueca conocida.

Mosaico, cristal, rasguña lo que puedas.

Entre su edad y jugar al blackjack, no pudo sentirle más cerca, y quería y no quería, y quería y se acordó, y la llamó como quiso pero no por su nombre.

Entre que sí y que no, él ya no escribía, no había pudor, ni verdad... ni amor.

Me da pena, penita pena, pero ya no me sorprendes, ternurita.

19.4.11

Martes

Mi respiración va a destiempo con la melodía del medio día... O es el ánimo, o es el ocio, o eres tú...